
Ambas denominaciones (español o castellano) son oficiales, legales, constitucionales. Sin embargo, hay gente que no sólo prefiere una de las dos sino que parece encontrarse incómoda con alguna de ellas.
Hay dos tipos de extremistas que coinciden en preferir español: los muy nacionalistas españoles y los independentistas de alguna comunidad española a su pesar. Los primeros, porque consideran sólo esa como su lengua, tal vez como LA lengua; los segundos, porque la suya propia no es española, por lo tanto español es eso ajeno que hablan los otros.
Tal vez en inconsciente respuesta a los primeros, algunas personas prefieren castellano a español. Su argumento es que si no las otras lenguas pueden sentirse ofendidas como si ello implicara que no fueran españolas. Me gustaría darles a estos tres cosas que considerar. la primera, que seguramente ya habrán pensado o alguien les habrá señalado, es que la comunidad hispanoamericana tal vez tenga más problemas para reconocerse en esa denominación. Esto es opinable porque es enmendable a base de decretazo y tente tieso, costumbre no sólo castellana sino española.
Las otras dos, de mi cosecha, no son tan opinables, o sí, ya veremos: una, que cuando hojeamos el DRAE, allí aparecen palabras como morriña, butifarra, aquelarre,...que, ciertamente son españolas pero nadie me dirá que son castellanas. Otra, que en Castilla suenan bien, son aceptables y aceptadas por el habla, que hace norma social, variantes léxicas, morfosintácticas o fonológicas que no son parte de la koiné española, por ejemplo, el laísmo, que sangra los oídos hispanos pero no tiene ningún problema de admisión en los castellanos.
Debiéramos remachar esta idea de koiné, cuya ignorancia está en la base de algunos errores de grueso calibre que salpican el debate territorio-cultural español desde siempre: el español es la lengua en la que hablan, por lo general, un vasco o un gallego o un catalán entre ellos. El presentarla como castellano, como si la otra denominación no fuera tan legal (incluso más precisa y ajustada, como ya he dicho, a mi parecer), sólo lo entiendo por esa desidia perezosa y casposa del estado español (me cuesta ponerlo con mayúscula, lo siento) que no se respeta a sí mismo y que pone fácil a quien quiera presentar como "extranjero, forastero, foráneo, extraño" a todo lo español, como si fuera producto de una invasión imperialista castellana, que nunca existió, el comenzar por la misma lengua. Claro que cuando el desorden mental y administrativo impide tener clara la misma denominación del país, eso es inevitable, supongo. Pero eso lo trataré en el siguiente artículo.
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