dimanche 17 février 2008

¿Castaña o Espilla?

Como en tantas otras cosas, nuestros odiados (eso quiere decir admirados en lenguaje envidiosillo-español) anglosajones han administrado mucho mejor el nombre de sus territorios. Todavía hay mucha gente por aquí que no distingue entre Inglaterra, Gran Bretaña y Reino Unido, con esa falsa bonhomía que al grito de "venga ya...si da lo mismo" lo que pretende es amenazar con la inatención, que aquí puede transformarse en ostracismo, luego apestamiento, luego linchamiento.
Allí lo tienen claro: Inglaterra es un país, o sea, como Escocia o Gales; Gran Bretaña es una isla, o sea, como Irlanda, y el reino Unido es un Estado (aquí sí me parece que procede la mayúscula, qué quieren), es decir, respectivas unidades de cultura, geografía y política.

Aquí no es así: la denominación de España es el equivalente a la de reino Unido, pero no a las otras. Por eso allí puede haber selecciones de Escocia, Gales o Irlanda del Norte sin problemas, pero aquí no. Y por eso tienen mucha razón las autoridades catalanas que cuando les reprochaban que no podían ser parte y todo en una competición internacional (España contra parte de España, que sería esa selección catalana) les respondían que eso no era su problema: que llamaran al rest como quisieran. Respuesta exacta. Aunque parezca increíble, después de tantos siglos de esta supuesta patria (siento la minúscula otra vez, pero no me la tomo en serio, de verdad) o patria de patrias, que dicen los cursis (tampoco a las pequeñitas me las tomo en serio, lo siento de veras), sólo Cataluña, galicia y Euskadi saben que son países, pero hay una indefinición sangrante para todo lo demás. Si Extremadura, Aragón, Asturias y el etcétera que no es Castilla ni tampoco esas tres patrias conunidaddedestinoenlouniversal no son países, un zaragozano que trabaje y viva con su familia en Coruña o Bilbao, ¿qué es? No administrativamente, que es obvio que es español, como indica su DNI, sino, ¿de qué país? No comparte la cultura de su patria chica (estúpida denominación parcheante) de origen, porque no está allí físicamente, y eso hace costumbre y cultura y no se puede sentir de su tierra de acogida (otra estupidez de sintagma) porque por mucho que cumpla las prescripciones de idioma y demás, volvemos a la categorización e identificación administrativa (política, en el caótico imaginario español), pero esa persona sigue sin tener un país.

No es baladí esta cuestión, porque es el factor determinante de una incomprensión hacia las autodefiniciones (lo de autodeterminación referido a cualquier territorio de la piel de toro, aparte Portugal, por supuesto, que es un país serio, me da risa) de esos países, que es interesante en principio: un desmarque temporal y pactado a la espera de una negociación que funde sobre nuevas bases un Estado (tal vez merezca las mayúsculas) que se fundó sobre un apresurado conglomerado que todos conocemos y que hace agua por todas partes. Y digo en principio porque esa ya es una idea que se va a quedar vieja. Los nacionalistas, como buenos hispanos radicales (lo siento por ellos, pero la identificación del paradigma no deja lugar a dudas: forma de conducir, trasnoche juerguista, beatificación de la pasión y la furia (??????) frente al raciocinio frío pero eficaz), ya están en la fase siguiente: odia al prójimo para poder dirigir a sus victimarios. Y así será si no revisamos la base. Desfragmenten el país, caballeros, en el buen sentido, que no podemos permitirnos el lujo de discutir si elegimos entre Ternera, Quintana, carod o Mas, menos, como si realmente estos enanos fueran importantes y su llave del futuro fuese de puerta grande, mientras tenemos en formol a Tarradellas, por ejemplo. Ay, ay...

¿Espallano o castañol?



Ambas denominaciones (español o castellano) son oficiales, legales, constitucionales. Sin embargo, hay gente que no sólo prefiere una de las dos sino que parece encontrarse incómoda con alguna de ellas.

Hay dos tipos de extremistas que coinciden en preferir español: los muy nacionalistas españoles y los independentistas de alguna comunidad española a su pesar. Los primeros, porque consideran sólo esa como su lengua, tal vez como LA lengua; los segundos, porque la suya propia no es española, por lo tanto español es eso ajeno que hablan los otros.

Tal vez en inconsciente respuesta a los primeros, algunas personas prefieren castellano a español. Su argumento es que si no las otras lenguas pueden sentirse ofendidas como si ello implicara que no fueran españolas. Me gustaría darles a estos tres cosas que considerar. la primera, que seguramente ya habrán pensado o alguien les habrá señalado, es que la comunidad hispanoamericana tal vez tenga más problemas para reconocerse en esa denominación. Esto es opinable porque es enmendable a base de decretazo y tente tieso, costumbre no sólo castellana sino española.

Las otras dos, de mi cosecha, no son tan opinables, o sí, ya veremos: una, que cuando hojeamos el DRAE, allí aparecen palabras como morriña, butifarra, aquelarre,...que, ciertamente son españolas pero nadie me dirá que son castellanas. Otra, que en Castilla suenan bien, son aceptables y aceptadas por el habla, que hace norma social, variantes léxicas, morfosintácticas o fonológicas que no son parte de la koiné española, por ejemplo, el laísmo, que sangra los oídos hispanos pero no tiene ningún problema de admisión en los castellanos.

Debiéramos remachar esta idea de koiné, cuya ignorancia está en la base de algunos errores de grueso calibre que salpican el debate territorio-cultural español desde siempre: el español es la lengua en la que hablan, por lo general, un vasco o un gallego o un catalán entre ellos. El presentarla como castellano, como si la otra denominación no fuera tan legal (incluso más precisa y ajustada, como ya he dicho, a mi parecer), sólo lo entiendo por esa desidia perezosa y casposa del estado español (me cuesta ponerlo con mayúscula, lo siento) que no se respeta a sí mismo y que pone fácil a quien quiera presentar como "extranjero, forastero, foráneo, extraño" a todo lo español, como si fuera producto de una invasión imperialista castellana, que nunca existió, el comenzar por la misma lengua. Claro que cuando el desorden mental y administrativo impide tener clara la misma denominación del país, eso es inevitable, supongo. Pero eso lo trataré en el siguiente artículo.