
La doble voz que se levanta para hablar en nombre de una tierra que nunca la alzó de modo suficiente o suficientemente unánime...That is the question: ¿qué es más levantado para el espíritu? Autrement dit: ¿Es mejor ser astutos y callados y esperar a que los demás se agoten o nos levantamos frente a la posibilidad, probabilidad, certeza, de que los demás, antes de agotarse, van a beber de nos? Hmmmmmmmmmmmmm...
El nacionalismo puede empezar siendo de pobres: parece así más aceptable, tal vez incluso cordial con cara de perro y todo. Pero ¿y cuando vaya consiguiendo sus loables objetivos de redención y los pobres vayan siendo ricos? Hmmmmmmmmmmmmmmmmmm...
Hay una componente atrayente en las propuestas del nacionalismo de nosa terra, pero hay un aspecto de la doble voz que quiero comentar antes que cualquier otra cuestión, para sentar las bases de lo que vemos y desde donde lo vemos. Es una cuestión que pone de manifiesto que hay una raya a partir de la cual el nacionalismo protector del débil pasa a ser nacionalismo opresor del débil, porque no enfoca correctamente qué dos bandos se enfrentan, o si lo hace, que está decidido a enfrentarse de verdad a otros débiles porque es justo y necesario, en su opinión, visión, concepción. Pero si esto es así, hay que prevenir a los incautos, porque en la primera opción caben, pero en la segunda pasan de incautos a manipulados, y eso ya no es una opción.
Hay un cuento, creo que se llama "o angazo", en el que se cuenta la historia de un chaval que sale de su aldea natal y después de estudiar y refinarse, finge no saber su idioma madre (gallego). Es la historia miles de veces repetida de la renuncia a los orígenes modestos o míseros por parte del pequeño triunfador, que se avergüenza de lo que no debiera (algo perfectamente humano, aunque erróneo, por cierto, y que se supera con la madurez). Bien, sigamos con el cuento: un día, este hombre, que fingía no saber hablar en gallego, tiene un accidente. Pisa un rastrillo, cuyo nombre parecía no recordar en la lengua madre, y, al recibir el golpe en todos los morros suelta aquello de "¡Mal rayo che coma o angazo!", frase que apunta la resurrección de la memoria léxica y de paso de la sintáctica.
Hay, al hilo de esta historieta, toda una tradición del nacionalismo gallego que postula (algunos lo creen, otros sólo lo afirman) que el que no habla gallego es porque se avergüenza de sus orígenes y, por tanto, es reprobale, vergonzante, vergonzoso en ambos sentidos, como sujeto y como objeto. No es alguien muy presentable, en efecto, pero nadie creería, en la vida real (no en la configurada políticamente) que un botarate que, al mejorar de posición social renegase de su humilde familia, fuese condenable por ello, sino que se supondría que un día maduraría en esa cuestión, como en otras, o, en todo caso, pues que quedaría botarate para los restos. Por cierto, este ejemplo tal vez es aplicable a los nacionalismos ricos, que ya no quieren comer en la mesa con los modestos, ¿no?
Es evidente, aunque parece que no para todos, dónde está el punto débil de este planteamiento tan agradablemente rústico, en principio: que no todo el mundo que no habla gallego en Galicia es porque tenga vergüenza, es más: no todo el mundo que quiera hablar en gallego hoy en Galicia puede hacerlo cómodamente, por la sencilla razón de que , aunque sean militantes a favor (mi caso) desde tiempos de Franco, pertenecen a una familia (como yo) que se vio obligada a venir aquí (exilio o lo que sea) y no tenía oportunidad de aprender gallego ni en casa ni en la aldea (que no estaba en Galicia), únicas oportunidades para aprender gallego en plena dictadura, por supuesto.
Pero eso seguiremos desgranándolo en otro día a otra hora. Ciao.
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